El asomo

Sunday, January 21, 2007

Mas habitantes

Corrían las cinco cuarenta y cinco de la mañana. Bajé a la cocina por jugo y de regreso a las escaleras... un ALACRÁN. Era como de veinte centímetros, con los ojos rojos brillantes y extranjero el cabrón, bueno, güero. Todavía adormilada no lo podía creer. Prendí la luz, agarré a mi perro y nos acercamos lentamente y alzó la cola, el alacrán, porque Oko la tenía entre las patas. Busqué algo para matarlo, una pantufla, un matamoscas. Pero en ese momento creía que sería invensible. Saqué un zapatote y se lo aventé. Buen tino, pero sólo lo puse como a mi, apendejado. Y comenzé a gritar: chicochéeeeeeeeee, chicochéeeeeeeeeeeee. Bajó bastante atolondrado. Le dije del monstruo que ahora estaba bajo un tapetito. Chicoché, como todo un señor, no reparó en levantar el tapete y le instaló una lata partiéndolo a la mitad. Yo veía las dos partes retorcerse.
Que puta manera de depavilarse.
Luego sufrí los consejos, acompañados de resurgidos acentos, de algunos, que años atrás compartían su vida con estas criaturas.
Chicoché: Nom pasa mnada boxita. Es um animál pequeño. Si llegara a picárte, cuidado con el xic o con el tuch. Pero pican en las extremidades, sólo te amarras un trapo pa´que no pase el veneno y yasta.

Creadora de mis días: Puej que ejpera para ir por bolitas de naftalina. Laj ponej por todo lado y ya. No paja nada mija.

Creador de mis días (Él no tiene acento): No sé como le puedes dar crank al alacrank, pero me sé un chiste muy bueno de alacranes.
Un gordo, muy gordo, acostado en la hamaca, le dice con mucha calma y lentitud a su mujer: Vieja, pásame el veneno para alacranes. Y la vieja: ¿Ya te picó uno, gordo?. Y el marranete: No, pero ahí viene.

La noticia de un intruso de ese calibre, se extendió por la vecindad y no tardarón en tocarme la puerta para darme consejos y explicaciones de la llegada del difunto. Hubo quien aseguró, era brujería.

Como buena citadina torpe, sigo un poco nerviosa. Después del ratón en mi zapato, este es el segundo susto que sufro en la misma casa a causa de bichos, pero desde ahora aconsejo tener bolitas de naftalina y trapos para amarrar las extremidades en caso necesario.
Y no era para tanto, el animal era como de ocho centímetros y rojo güerozo.